Gastronomía

Aceite de oliva infusionado con cannabis: tutorial mediterráneo paso a paso

El aceite de coco se llevó la fama en la cocina cannábica, pero por aquí tenemos un protagonista más nuestro: el aceite de oliva virgen extra. Ya lo tienes en la encimera, sabe a comida de verdad y casa con una tostada, una pasta o un alioli sin chirriar. Hacerlo bien no tiene misterio, pero dos o tres detalles separan un aceite que funciona de uno que sabe a hierba quemada y apenas hace nada.

Primero, descarboxila (y no te lo saltes)

Es el paso que más gente ignora y el que arruina más tandas. La flor cruda casi no tiene THC activo, sino su precursor ácido, el THCA. Para notar efecto al comerlo hace falta calor que convierta ese THCA en THC. Lo mismo vale para el CBD: también parte de una forma ácida que necesita activarse.

Precalienta el horno a 110-115 °C. Desmenuza la flor sin triturarla en polvo, espárcela sobre papel vegetal y hornéala entre 30 y 45 minutos, removiendo a mitad, hasta que pase de verde vivo a un tostado aromático. Esa temperatura moderada es la clave: pasarse degrada el THC en lugar de activarlo y evapora los terpenos.

La infusión, a fuego muy bajo

Para 250 ml de aceite, cuenta entre 5 y 10 gramos de flor según la potencia que busques; si dudas, tira por lo bajo. Junta el aceite y la flor descarboxilada en un cazo a baño maría o al mínimo, y mantén la mezcla entre 60 y 80 °C durante una o dos horas, sin que hierva ni fría. El oliva tiene un punto de humo más bajo que otras grasas, así que aquí el termómetro vale su peso en oro; si no lo tienes, fíate de que apenas borbotee. Remueve de vez en cuando: el calor saca los cannabinoides y terpenos de la flor y los disuelve en la grasa.

Luego cuela con una gasa sobre un frasco de vidrio oscuro, exprimiendo bien, y guárdalo fresco y a oscuras. La luz es lo que más lo degrada. Bien conservado aguanta semanas, incluso meses.

Dosifica con cabeza

Aquí el oliva pide el mismo respeto que cualquier comestible. El efecto tarda entre 30 y 90 minutos en aparecer, mucho más que fumar, y dura bastante. El error clásico es pensar “no noto nada” a los veinte minutos y repetir. No lo hagas: empieza con media cucharadita en un plato, espera dos horas y aprende cómo te sienta esa dosis antes de subir. La potencia de un aceite casero es difícil de medir, y cada tanda varía; si quieres entender por qué los comestibles desconciertan tanto, esta guía sobre comestibles de marihuana lo explica bien.

En la cocina

Aquí está la gracia frente al coco: combina con casi todo lo mediterráneo. Un chorrito en crudo sobre pan con tomate, en el aliño de una ensalada, integrado en un hummus o añadido al final de una pasta ya hecha. La única regla es no recalentarlo fuerte después de infusionado, porque volverías a degradar los activos. Úsalo en frío o templado, de remate, nunca para freír.

Y etiquétalo claro. Un aceite infusionado tiene el mismo aspecto que uno normal, y casi todos los sustos con comestibles vienen de que alguien lo encontró sin saber qué era.

Fuentes

  • Citti, C. et al., “Pharmaceutical and biomedical analysis of cannabinoids”, Journal of Pharmaceutical and Biomedical Analysis.
  • Barrus, D. G. et al., “Tasty THC: Promises and Challenges of Cannabis Edibles”, RTI Press.
  • Wang, M. et al., “Decarboxylation Study of Acidic Cannabinoids”, Cannabis and Cannabinoid Research.
← Volver al inicio