En ocasiones los efectos contrarios de la marihuana ni siquiera tienen que ver con el cannabis. Una personalidad muy sensible o con tendencias psicológicas diferentes a la mayoría,  podrían ser grandes obstáculos para disfrutar el cannabis. Un fumador con esas características, lejos de ser feliz y relajado, podría sufrir. Además, de acuerdo a diversos estudios, el 10 por ciento de los usuarios de cannabis presentan adicción. Cualquiera que sea la razón, si has decidido dejar de consumir marihuana, es una gran decisión que beneficiará tu salud.

A continuación te presentamos tres métodos para hacerlo. Tal vez no sea muy adecuado ―pero sí importante―, mencionar que si en alguno de tus intentos fallas, no debes cerrarle la puerta a una nueva oportunidad. El simple deseo de dejarla, por lejano que parezca, puede ser el principio de cualquier meta que desees alcanzar. Te deseamos éxito. Todo es posible.

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Primer método: de golpe

Si eres de aquellos muy determinados, cuya palabra es decreto. Este método te será de gran utilidad.

  • Comprométete: Comunicar a tus seres queridos o familiares la decisión que has tomado te puede ayudar. Incluso decírselo a otras personas podría evitar que alguien te presionara o insistiera. En algunos casos, si otros intentos han fallado, es conveniente cambiar de amigos, por duro que parezca.

  • Anticípate a la abstinencia: Aunque la marihuana no genera dependencia física como las drogas duras, sí puede provocar dependencia psicológica. En este sentido, podría ser similar a separarse de una pareja. El hábito se vuelve costumbre y dejar una costumbre puede causar sensaciones incómodas que se pueden reflejar en cambios de humor, insomnio o hasta en sueños agitados. Recuerda que estás iniciando un proceso y todo es pasajero. Realmente, nadie nació fumando cannabis.

  • Busca actividades nuevas: Decisiones nuevas, acciones nuevas ¿Qué tal aquellas clases de guitarra que has querido desde hace tiempo o salir a correr cada mañana? ¿Prefieres ir al cine con más regularidad? Hasta ir a visitar algún familiar podría ser de utilidad.

  • Cambia tus hábitos: hacer las cosas diferentes te ayudará a no acordarte de la marihuana y podría estimular nuevas formas de pensar y nuevos hábitos. Modifica tu rutina, levántate y acuéstate a diferente hora de lo usual, cambia tu ruta para ir a trabajar, intenta leer en un lugar distinto, etc.

  • Dominio propio: parte de la abstinencia psicológica se manifiesta por antojos. Que se te pase por la mente el darte una fumada será completamente normal, pero ceder a los impulsos podría determinar tu éxito o fracaso. El deseo irá mermando con el tiempo y el establecimiento de nuevos hábitos y maneras de pensar.

  • Mantén tu decisión: Todavía cuando ya haya pasado el periodo de abstinencia, deberás mantenerte firme. Formar metas a corto plazo y recompensarte por los logros alcanzados puede resultar muy provechoso.

Segundo método: poco a poco

Si prefieres dejar el consumo de cannabis de un modo más relajado y crees que te sea más funcional hacerlo de manera menos drástica, este método te servirá. Considera utilizar un calendario donde puedas hacer anotaciones o llevar una agenda.

  • Establece el día en que planeas estar completamente liberado del cannabis. Que sea realista. Un mes, dos, quizás tres semanas.

  • Elabora un plan para ir disminuyendo dosis y lleva un registro. Ten siempre a la mano la agenda o calendario donde lleves tus anotaciones. Establece cuánta cantidad consumirás y sé fiel a tu propósito… Cumple.

  • Separa tus dosis con anticipación: sobre todo si sales a la calle. De esta manera no podrás excederte y podrás disminuir gradualmente.

  • Permanece ocupado: incluso en tu agenda puedes programar las actividades de las semanas o días siguientes. Actividades nuevas contrarias a lo que asocias al cannabis serán muy valiosas: si no te gustaba fumar en la escuela, busca alguna actividad extra allí ―por citar un ejemplo.

  • Motivación: trata de mantener siempre presentes las razones y motivos por los que tomaste la decisión de abandonar el cannabis. Puedes sumarle muchas más: reducir tus gastos, mejorar tu salud, ahorrar, terminar tus estudios, conquistar la cumbre de una montaña… Aquí, cualquier pretexto, motivo o argumento, es válido.   

Tercer método: ayuda profesional.

No es necesario estar loco de atar para acudir a un profesional. De hecho, no tiene por qué ser algo vergonzoso. Un doctor calificado podría ayudarte a mejorar tu salud. También puedes recurrir a psiquiatras, psicólogos, grupos religiosos o grupos de autoayuda.

Hay quienes prefieren compartir la carga, lo cual es más que válido para vencer cualquier debilidad. En cualquier corriente que elijas podrás encontrar herramientas. En este caso, lo mejor es siempre seguir las sugerencias.

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Fuente: Wikihow.

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