Cultivo

7 señales de que tu cultivo de exterior ya está listo para cosechar

En exterior la planta crece a su ritmo, al sol de verdad y marcada por las estaciones. Esa libertad tiene un precio: sin un calendario controlado, hay que leer a la planta para saber cuándo cortar. Y la regla que vale por todo el artículo es no fiarse de una sola señal. La madurez se confirma cuando varias coinciden; tres o cuatro apuntando a lo mismo no engañan.

1. Los tricomas viran de transparente a lechoso

La señal reina. Con una lupa de joyero, mira los tricomas sobre los cogollos: cuando dejan de ser transparentes y se vuelven mayoritariamente lechosos u opacos, con algún tricoma empezando a ponerse ámbar, la planta está en su punto. Si no lo has hecho nunca, en esta guía sobre qué son los tricomas y qué dicen de la potencia tienes el detalle. Sin esta lectura, el resto son orientativas; con ella, vas sobre seguro.

2. Los pistilos se oscurecen y se curvan

Los pelillos de los cogollos empiezan blancos y rectos; al madurar se vuelven anaranjados o marrones y se recogen hacia dentro. Entre un 70% y un 90% cambiados de color es buena señal. Por sí solo es poco fiable (el clima lo acelera), pero refuerza lo que dicen los tricomas.

3. Los cogollos están densos y firmes

Una flor lista es compacta al tacto, no esponjosa. En las últimas semanas engorda y gana peso a medida que se carga de resina. Si la notas blanda, aún le falta.

4. Las hojas grandes amarillean solas

Hacia el final, las hojas de abanico amarillean y caen. Es normal: la planta reabsorbe nutrientes de las hojas viejas para volcar su energía en las flores. No lo confundas con una carencia. Si pasara en pleno crecimiento, ahí sí sería un problema de nutrición, como se ve en este repaso de señales de carencia de nutrientes.

5. El aroma se vuelve intenso

Los terpenos se desarrollan y el olor se redondea, perdiendo el punto verde y herbáceo de las plantas inmaduras. Si huele potente y complejo a varios pasos, es otra pista. Un olor flojo y vegetal suele decir que todavía no.

6. La estación acompaña

Según latitud y variedad, la cosecha cae entre finales de verano y mediados de otoño, cuando los días se acortan. Si ya estás en esa ventana, el reloj juega a favor; conocer la mejor época para cultivar en exteriores te dice cuándo vigilar de cerca.

7. El clima te obliga a decidir

Esta no es de la planta, sino del entorno, y en exterior pesa muchísimo. Si llegan lluvias persistentes, humedad alta o las primeras heladas, a veces conviene cortar aunque falte para el punto perfecto. El peligro es el moho (botritis), que en pocos días arruina cogollos densos. Más vale una flor cortada un pelín antes que una podrida en la rama.

Cómo juntarlo todo

El escenario ideal: tricomas lechosos con algún ámbar, mayoría de pistilos oscurecidos, cogollos densos, hojas amarilleando solas, aroma potente y la estación correcta. Cuando coincide, corta con confianza. Y si el cielo amenaza antes de que se cumplan todas, prioriza salvar la cosecha. Parte del oficio en exterior está justo ahí: saber cuándo el clima manda más que el manual.

Fuentes

  • Cervantes, J., Marijuana Horticulture: The Indoor/Outdoor Medical Grower’s Bible.
  • Livingston, S. J. et al., “Cannabis glandular trichomes alter morphology during flower maturation”, The Plant Journal.
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